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60 personas se preparan para responder de forma coordinada ante los incendios forestales en el ANMI San Matías

Unas 60 personas de seis comunidades del ANMI San Matías han reforzado sus conocimientos para prevenir y responder ante incendios forestales, mejorando la coordinación local, los protocolos de emergencia y la capacidad de actuación de los equipos voluntarios.

La preparación comunitaria frente a los incendios forestales se está reforzando en el área protegida ANMI San Matías, en el municipio de El Carmen Rivero Tórrez, Santa Cruz (Bolivia). Unas 60 personas, 42 hombres y 18 mujeres, procedentes de seis comunidades han participado en un proceso de capacitación dirigido a mejorar la gestión local de riesgos y la capacidad de respuesta ante posibles emergencias.

La iniciativa ha reunido a bomberos y bomberas voluntarios, responsables comunitarios de gestión de riesgos y representantes de distintas instituciones para avanzar en una respuesta más coordinada frente al fuego. Han participado personas de Santa Rosa de Bocaina, Palmera, Florida, Santo Corazón, Pozones y San Fernando, junto a representantes de las entidades implicadas en la protección del territorio.

Durante tres jornadas de trabajo desarrolladas en Santo Domingo, se abordaron tres ámbitos fundamentales: el manejo del Plan Comunal de Gestión de Riesgos, la aplicación de protocolos de emergencia ante incendios y las medidas de contingencia necesarias para actuar ante una situación de peligro.

Las sesiones, impartidas por SOS WILDFIRE, combinaron formación y trabajo práctico para que los participantes pudieran conocer mejor los procedimientos de actuación y, sobre todo, reforzar la coordinación entre las comunidades y las instituciones responsables de la gestión de emergencias.

El proceso contó con el apoyo de Promotores Agropecuarios (PROAGRO), Naturaleza Tierra y Vida (NATIVA), el Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI), Organización de Apoyo Legal y Social (ORE) y el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), junto a la municipalidad y otros actores locales.

Uno de los principales resultados ha sido la elaboración y puesta en común de un plan de contingencia con los actores locales, orientado a mejorar la capacidad de preparación, mitigación y respuesta ante los incendios. La iniciativa adquiere especial relevancia en un territorio que en los últimos años ha sufrido importantes incendios forestales, con graves consecuencias para los bosques, los medios de vida y las familias de las comunidades.

Para José Chonaca Cabrera, responsable de gestión de riesgos comunal, la formación ha permitido pasar de la incertidumbre a una mayor capacidad de reacción. “Antes veíamos el fuego acercarse y no sabíamos exactamente cómo actuar primero, qué medidas debemos tomar o qué organizaciones nos podrían ayudar”, explica. Ahora, señala, cuentan con protocolos de alerta temprana y conocen mejor cómo coordinarse con el municipio y los centros de monitoreo para reaccionar a tiempo.

La participación de las mujeres también ha sido significativa. María Justino, bombera voluntaria de la comunidad de Florida, destaca el valor de trabajar conjuntamente con equipos de otras comunidades: “Nos demostró que no estamos solos para enfrentar los incendios”. La capacitación, añade, les permite organizarse y actuar de forma coordinada para proteger tanto a sus familias como al bosque.

El proceso formativo ha dejado además varios compromisos para las comunidades participantes. Entre ellos, replicar los contenidos del Plan Comunal de Gestión de Riesgos y los protocolos de emergencia con las familias, mantener canales de comunicación para facilitar la notificación inmediata de cualquier amenaza de incendio y liderar las actuaciones locales previstas en las medidas de contingencia.

De esta forma, la iniciativa busca que la prevención y la respuesta ante los incendios no dependan únicamente de la intervención de equipos externos, sino que las propias comunidades dispongan de conocimientos, protocolos y capacidades para actuar desde los primeros momentos de una emergencia.

La actividad forma parte de un proyecto financiado por el Ayuntamiento de Córdoba, ejecutado localmente por PROAGRO, que trabaja para revitalizar los medios de vida de familias chiquitanas afectadas por los incendios, mejorar su seguridad alimentaria y salud y fortalecer su capacidad de preparación y respuesta frente a nuevos desastres.

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