Santiago de Cusco, el barrio aprende a ponerse a salvo ante los sismos
En la periferia de Cusco, más de 100 vecinos de la APV Virgen Concepción hicieron de la prevención sísmica una práctica colectiva: mapearon zonas de riesgo, definieron rutas de evacuación y realizaron un simulacro que apunta a proteger la vida.
En uno de los barrios de la periferia urbana de Cusco, la prevención dejó de ser una idea abstracta para convertirse en una experiencia colectiva. En una ciudad marcada por la sismicidad y el crecimiento en zonas de ladera, la pregunta ya no es si ocurrirá un sismo, sino qué tan preparada está la población para enfrentarlo cuando este ocurra.
El proyecto Estrategias de prevención y respuesta ante desastres por riesgo sísmico en Cusco, financiado por el Ayuntamiento de Córdoba y ejecutado por el Centro Guaman Poma de Ayala con el apoyo de la Fundación Social Universal, impulsó un proceso piloto de planificación participativa junto al área de Defensa Civil de la municipalidad distrital de Santiago.
La intervención se desarrolló en la Asociación Pro Vivienda (APV) Virgen Concepción. Más de 100 asociados participaron activamente en la elaboración de un plan de evacuación construido desde la organización barrial. El trabajo comenzó por fortalecer la comprensión comunitaria del riesgo: mediante dinámicas y ejercicios prácticos, vecinos y vecinas identificaron cómo el peligro, la vulnerabilidad y las condiciones del territorio elevan la exposición sísmica.
Durante cuatro domingos consecutivos, desde las seis de la mañana, la comunidad trabajó por sectores con características topográficas similares. Sobre fotografías aéreas del barrio se reconstruyó la memoria del territorio: calles por donde descienden aludes, zonas deslizables, puntos inundables y áreas habitadas en riesgo. A partir de ese mapeo se elaboraron mapas comunitarios que luego fueron contrastados con información técnica oficial.
Con esa base se definieron rutas de evacuación, zonas seguras realistas, brigadas comunitarias y acciones de preparación familiar —trasladando la prevención del ámbito comunal al hogar—. El proceso concluyó con un simulacro matinal en el que la población se desplazó ordenadamente hacia las zonas seguras, guiada por brigadistas. La evaluación posterior identificó mejoras y programó nuevos ejercicios, poniendo de relieve que la prevención es un aprendizaje continuo. La experiencia de la APV Virgen Concepción muestra que, cuando la planificación se construye desde el barrio, la gestión del riesgo deja de ser un documento técnico y se convierte en una práctica cotidiana orientada a proteger la vida.




