La FSU abre nuevas oportunidades de emprender desde el bosque en comunidades chiquitanas de Bolivia
Las comunidades indígenas de El Carmen Rivero Tórrez avanzan en el fortalecimiento de iniciativas económicas basadas en la miel y los frutos silvestres, con acciones orientadas a mejorar la competitividad, la organización y la comercialización de sus productos.
Mujeres y jóvenes indígenas chiquitanos están reforzando emprendimientos vinculados a la miel y a los frutos silvestres en comunidades del municipio de El Carmen Rivero Tórrez, en Santa Cruz (Bolivia), con el objetivo de mejorar los ingresos económicos familiares y avanzar hacia una mayor seguridad alimentaria.
La intervención, financiada por el Ayuntamiento de Córdoba y otros socios locales, cuenta con un presupuesto total superior a los 115.000 euros y se desarrollará durante dos años en un territorio predominantemente chiquitano, donde la tenencia comunal de la tierra, las limitaciones de acceso a comunicaciones y el riesgo de incendios condicionan la actividad económica y la vida cotidiana de las familias.
En este contexto, la producción local se destina en gran parte al autoconsumo, mientras que las mujeres asumen buena parte de las responsabilidades productivas y reproductivas y los hogares disponen de ingresos escasos. Sobre esta base, el proyecto trabaja para reducir la vulnerabilidad económica y alimentaria mediante el fortalecimiento de emprendimientos sostenibles ligados a la apicultura y al aprovechamiento de frutos silvestres.
El problema que aborda la iniciativa es el de unos emprendimientos productivos todavía poco competitivos, impulsados principalmente por mujeres y jóvenes indígenas. Entre las causas identificadas figuran la limitada capacidad técnica para gestionar estas actividades de forma autónoma y sostenible, la escasa articulación con el mercado, el bajo valor agregado de los productos y la debilidad de las organizaciones económicas comunitarias.
El proyecto persigue reforzar la competitividad de estas iniciativas y consolidar cadenas productivas más sólidas en torno a la miel y los frutos silvestres. Entre los resultados previstos figura la puesta en marcha de iniciativas productivas solidarias e innovadoras por parte de familias y escuelas, la aplicación de criterios técnicos ecológicos y de economía circular y el fortalecimiento de organizaciones comunitarias con mayor capacidad para gestionar recursos y procesos productivos.
Las actuaciones se estructuran en tres grandes líneas. La primera se centra en la formación y el acompañamiento a mujeres y jóvenes emprendedores, con escuelas de campo, intercambios de experiencias, capacitación para promotores apícolas, dotación de equipamiento y talleres específicos para productoras vinculadas a los frutos del bosque. También se desarrollan actividades con centros educativos y campañas de sensibilización sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con el clima y los ecosistemas.
La segunda línea busca mejorar la competitividad y la articulación con el mercado. Para ello se acondiciona un espacio para el procesamiento, se entregan equipos a las organizaciones, se forman capacidades para elaborar productos con valor agregado y se acompañan trámites de registros sanitarios y control de calidad. Además, se promueven encuentros con intermediarios, puntos de venta y campañas de comunicación local.
La tercera línea refuerza el trabajo institucional. Incluye la elaboración de instrumentos de gestión con enfoque de género y medioambiente, el apoyo a la tramitación de personería jurídica y NIT, la formación en planificación productiva, marketing digital y gestión empresarial, así como espacios de coordinación con el gobierno municipal para avanzar en acuerdos de apoyo.
La ejecución de este proyecto corre a cargo de la ONG Promotores Agropecuarios (Proagro), con la participación del gobierno municipal, el sector educativo, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas y la Fundación Social Universal. Las entidades implicadas coinciden en la necesidad de consolidar iniciativas que respondan a las oportunidades del territorio y contribuyan a mejorar la economía local desde una perspectiva sostenible.
La experiencia acumulada en la zona durante los últimos años muestra avances en apicultura y aprovechamiento de frutos silvestres, pero también limitaciones técnicas, debilidades organizativas e impactos ambientales como los incendios de 2024. Frente a ello, el proyecto plantea una respuesta integral basada en la formación, la mejora de la producción, la formalización de organizaciones y la apertura de nuevos canales de comercialización.
Con esta intervención ya en marcha, se busca no solo incrementar rendimientos y ventas, sino también fortalecer capacidades locales, ampliar la participación de mujeres y jóvenes y consolidar emprendimientos más resilientes, sostenibles y vinculados de forma estable a mercados que permitan mejorar los ingresos y la seguridad alimentaria de las familias chiquitanas.




