Cuando el recreo también cuida la salud en escuelas del Cusco
En cinco escuelas Cusco, el recreo también cuida la salud. Más de 1.200 niñas y niños reciben a diario un refrigerio saludable, gracias a la capacitación del personal, el acompañamiento técnico y el apoyo de las familias.
Cada mañana, el sonido del timbre anuncia algo más que el inicio del recreo. En cinco escuelas periurbanas y rurales de Cusco, significa que 1.225 niñas y niños reciben hoy un refrigerio saludable, seguro y preparado con cuidado. Frutas frescas, líquidos adecuados y prácticas de higiene se han convertido en parte de la rutina escolar, fortaleciendo la salud y el bienestar desde los primeros años de vida.
Este cambio no ocurrió por casualidad. Personas responsables de cocina fueron capacitadas en alimentación saludable y manipulación segura de alimentos, mejorando las condiciones de preparación y consumo dentro de las instituciones educativas. A ello se suma un acompañamiento permanente del equipo técnico del Centro Guamán Poma de Ayala, que asegura que lo aprendido se traduzca en prácticas reales y sostenidas.
Las familias también son parte del proceso. Desde casa, aportan frutas y bebidas saludables, reforzando el valor nutricional del refrigerio y trasladando estos aprendizajes al entorno familiar. Así, la escuela se convierte en un espacio que no solo educa, sino que modela hábitos saludables que acompañan a la niñez más allá del aula.
El seguimiento permitió identificar avances desiguales. En algunas instituciones, el acceso a alimentos y el acompañamiento familiar facilitan la adopción de estos hábitos; en otras, especialmente en contextos más alejados o con familias monoparentales, persisten mayores desafíos. Reconocer estas brechas ha sido clave para ajustar las estrategias y no dejar a nadie atrás. Estas acciones forman parte del proyecto “Estrategias de cuidado de la salud y la autoestima de la infancia en 5 escuelas rurales de Cusco (Perú)”, con el apoyo de la Diputación de Córdoba y los ayuntamientos de Montilla, Montemayor, Moriles, Santaella, Nueva Carteya y La Rambla. Una experiencia que demuestra que mejorar un refrigerio escolar es también invertir en dignidad, equidad y futuro.




