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Cuatro universitarias viven en Cusco una experiencia de voluntariado que une aprendizaje y compromiso

Durante ocho semanas, cuatro universitarias han cambiado las aulas por las comunidades de Cusco para participar en dos proyectos de cooperación, aportar sus conocimientos y descubrir, desde dentro, otras realidades, formas de trabajo y maneras de entender el desarrollo.

Teresa Gil, Ariana Quispe, Magdalena Almeida y Lucía Garcés están viviendo una experiencia que combina aprendizaje, convivencia y trabajo directo con profesionales, instituciones y población local, de la mano de dos proyectos de cooperación internacional gestionados por nuestro socio, el Centro Guaman Poma de Ayala.

La Fundación Social Universal lleva muchos años colaborando con el programa de voluntariado internacional de la Universidad de Granada, una relación que ha permitido que numerosas estudiantes conozcan de primera mano el trabajo de las organizaciones de cooperación y, al mismo tiempo, aporten sus conocimientos y capacidades a los proyectos. En esta ocasión, las cuatro voluntarias participan, en distintos periodos entre agosto y octubre, en dos intervenciones que abordan algunos de los principales retos sociales de la población de Cusco.

Prevenir la violencia desde las escuelas y las comunidades

Teresa y Ariana se han incorporado al proyecto de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, especialmente niñas, adolescentes y jóvenes, que se desarrolla en instituciones educativas y barrios populares de los distritos de Cusco, Santiago y Poroy. La iniciativa busca reforzar la capacidad de las instituciones y de la propia comunidad para prevenir la violencia, mejorar la respuesta ante los casos y promover relaciones basadas en el respeto y la igualdad.

Su colaboración está siendo muy variada: participan en talleres y ferias de sensibilización en centros educativos, preparan materiales para las campañas de prevención y apoyan la elaboración de rutas de atención para víctimas de violencia. También están trabajando en la comunicación del proyecto, con un plan de difusión en redes sociales, notas informativas y contenidos audiovisuales.

La experiencia les está permitiendo conocer también otras dimensiones del trabajo comunitario. Teresa ha participado, por ejemplo, en actividades en comunidades de Ccorca relacionadas con la visibilización de la carga de tareas del hogar que asumen las mujeres y en la recogida de información para una futura iniciativa de acuaponía. Ambas han contribuido además a preparar materiales para otras campañas de sensibilización y a diseñar módulos formativos.

Su tutora en terreno, Patricia Paredes, destaca especialmente su actitud: “Valoramos la participación y dedicación que tienen Ariana y Teresa. Son personas muy proactivas, es un gusto que las tengamos con nosotros”. Para Paredes, las dos jóvenes están colaborando “con entusiasmo, creatividad y responsabilidad”.

Impulsar oportunidades económicas para mujeres y jóvenes

Magdalena y Lucía, por su parte, participan en un proyecto que trabaja para mejorar las oportunidades de empleo y autoempleo de mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad, promoviendo iniciativas económicas respetuosas con el medio ambiente y la diversidad cultural. El proyecto se desarrolla en siete distritos de Cusco, Anta y Urubamba y combina el acompañamiento a grupos y familias con el fortalecimiento de las capacidades de las instituciones públicas.

Su actividad está muy vinculada al contacto directo con el territorio. Ambas colaboran en la recogida y sistematización de información mediante fichas socioeconómicas, acompañan a los equipos técnicos en su trabajo con las familias y participan en talleres dirigidos a grupos organizados. También apoyan la preparación y desarrollo de actividades formativas dirigidas a funcionarios públicos.

Para Magdalena, precisamente, salir al territorio está siendo una de las partes más enriquecedoras de la experiencia. “Estoy acompañando los talleres de habilidades blandas, donde estoy observando y aprendiendo mucho de las comunidades, de las dinámicas de trabajo y de la cultura en general”, explicaba durante su estancia. Lucía, por su parte, está participando en los talleres dirigidos a empresarios rurales, apoyando inicialmente la recogida de información.

El tutor de ambas, Jhon Paul Rivera, señala que su trabajo está suponiendo un apoyo cotidiano a los equipos de intervención, tanto en las salidas al territorio como en la preparación, organización y seguimiento de las actividades formativas.

Más allá de las tareas concretas, las cuatro jóvenes están teniendo la oportunidad de conocer desde dentro una realidad social y cultural diferente, compartir el día a día con los equipos locales y descubrir que la cooperación también se construye a partir de escuchar, observar, aprender y trabajar conjuntamente. Una experiencia de ocho semanas que, al tiempo que contribuye a los proyectos, deja aprendizajes que las voluntarias se llevan consigo mucho más allá de su regreso.

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