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Ferias rurales fortalecen la economía familiar y recuperan el valor del trueque en Tomina

Más de 100 productores y productoras participaron en dos ferias sectoriales que impulsaron la comercialización de alimentos, fortalecieron la economía familiar y recuperaron prácticas tradicionales de intercambio en el municipio de Tomina.

Las comunidades rurales del municipio de Tomina continúan fortaleciendo su seguridad alimentaria y sus economías familiares a través de espacios de intercambio y comercialización que ponen en valor la producción local y las prácticas tradicionales de solidaridad comunitaria.

En el marco del proyecto “Mujeres y hombres indígenas en convivencia pacífica y corresponsable ejercen, de manera plena, equitativa y sostenible, el derecho humano al agua y a la alimentación en un contexto de crisis climática en comunidades campesinas del Municipio de Tomina”, financiado por el Ayuntamiento de Córdoba y ejecutado por PROAGRO, se han desarrollado dos ferias sectoriales en los centros poblados de Tomina y Tarabuquillo.

El objetivo de estas actividades ha sido facilitar el acceso a alimentos variados para las familias, promover la venta de excedentes agrícolas y recuperar prácticas ancestrales como el trueque, contribuyendo así a una alimentación más diversa y sostenible.

La primera feria reunió en Tomina a 45 productores y productoras procedentes de cinco comunidades del área de intervención y otras zonas cercanas. La segunda, celebrada en Tarabuquillo, contó con la participación de aproximadamente 70 productores de diez comunidades. En ambos eventos destacaron las mujeres, que representaron más del 70 % de las personas expositoras.

Los productos ofertados incluyeron hortalizas como zanahoria, cebolla, tomate, lechuga, vainita y ají; frutas de temporada como durazno, manzana y chirimoya; así como granos y tubérculos, entre ellos maíz, trigo, papa y papa lisa.

Además de la comercialización directa, las ferias recuperaron el trueque como mecanismo de intercambio entre familias y comunidades. Gracias a esta práctica, más de 100 kilos de verduras fueron intercambiados por alrededor de 180 kilos de tubérculos y granos, mientras que el intercambio entre frutas y hortalizas superó los 200 kilos en cada categoría.

Los resultados reflejan también un importante impacto económico. Según los registros realizados, las ventas superaron los 200 bolivianos por productor en el rubro de hortalizas y alcanzaron promedios superiores a los 325 bolivianos en la comercialización de frutas.

La alta participación ciudadana fue otro de los aspectos destacados de ambas jornadas, que congregaron a más de 400 visitantes en cada evento, consolidándose como espacios de encuentro entre productores y consumidores locales.

Leonarda Rivera, productora de la comunidad de Ichupampa, valora especialmente la oportunidad que ofrecen estas ferias:

“Para nosotras estos espacios son una bendición, porque nos permiten demostrar que podemos aportar al sustento de nuestras familias. Vendimos nuestras verduras y frutas, y logramos generar ingresos importantes para nuestros hogares”.

Por su parte, Roberta Mejía, productora de Quirusillas, destaca el valor social y alimentario del intercambio de productos:

“Antes comer algunas verduras era un lujo. Ahora las producimos en nuestra comunidad y las intercambiamos por maíz, papa o trigo con otras familias. Así todos mejoramos nuestra alimentación y mantenemos viva una costumbre que heredamos de nuestros abuelos”.

A través de estas iniciativas, el proyecto contribuye a fortalecer los sistemas alimentarios locales, impulsar la economía rural y promover prácticas comunitarias que favorecen la resiliencia de las familias frente a los desafíos económicos y climáticos.

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